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¿Cuándo un despido se considera procedente?

Despido procedente

Un despido se considera procedente, en derecho laboral, cuando cumple con los requisitos legales establecidos para ello. La empresa debe poder respaldar las causas invocadas con la ley y ha seguido el proceso establecido para tales situaciones. Solo dos formas de despido se consideran procedentes: el disciplinario y el objetivo. Esta posibilidad de declarar un despido como procedente ocurre a raíz de que el trabajador ha acudido a la vía legal con el motivo de impugnar el despido. La calificación de procedente será tarea del juez, quien determina esta categoría en lugar de emitir un veredicto de improcedencia o nulidad.  Las causas más comunes que pueden justificar un despido procedente son:

  • Causas objetivas: Cuando existen motivos económicos, técnicos, organizativos o de producción que justifican la extinción del contrato de trabajo. Por ejemplo, una reestructuración empresarial que requiere reducir la plantilla.
  • Incumplimiento grave y culpable del trabajador: Cuando el empleado ha cometido faltas graves, como el incumplimiento reiterado de sus obligaciones laborales, el abandono del puesto de trabajo sin justificación, el acoso laboral, etc.

La consecuencia de que un despido sea declarado como procedente es la extinción del contrato sin derecho a indemnización ni a salarios de tramitación.

Por ejemplo, en una empresa, un empleado llamado Juan ha acumulado varias faltas injustificadas y ha tenido un rendimiento deficiente en su trabajo durante un período prolongado. La empresa decide tomar medidas y, después de seguir el proceso adecuado de advertencias y procedimientos disciplinarios, decide despedir a Juan. La empresa documenta todas las faltas y el rendimiento deficiente de Juan de manera adecuada.

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